Subasta del espectro y bien común

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    Artículo Elespectador.com

    El sector de las telecomunicaciones es uno de los más dinámicos de la sociedad, por la vertiginosa tasa de innovación tecnológica y por su impacto en prácticamente todas las actividades humanas. Nuevos servicios y dispositivos, cambios en la estructura empresarial, consumidores cada vez más exigentes de alta calidad, forman parte de una configuración que nadie hubiera imaginado una década atrás.

    En ese escenario, la subasta del espectro radioeléctrico que se aproxima es uno de esos hitos que marcarán el futuro de la conectividad de los colombianos. Ciertamente, el país ha hecho enormes avances en materia de penetración a internet, fija y móvil. No obstante, hay todavía, de acuerdo con el propio Ministerio de las TIC, enormes brechas por superar.

    Las hay regionales, en remotos territorios donde los operadores comerciales no ven rentabilidad posible. También están aquellas que directamente dependen del estrato socio-económico: la penetración en estratos 1 y 2 es prácticamente nula. En tres de cada cuatro hogares no hay computador y sólo una de cada diez microempresas cuenta con conectividad. A pesar de haber en el país más de 46 millones de suscripciones, sólo algo más de tres millones cuentan con servicio de acceso a internet (incluyendo las tecnologías 2G, 3G y una muy pequeña fracción de 4G).

    De ahí que la subasta del espectro radioeléctrico que se avecina, como decíamos, vaya a ser crucial. La forma principal de acceder a internet de alta velocidad en el futuro será, principalmente, móvil. Los operadores beneficiarios de la subasta podrán desplegar, en el marco del estándar LTE (Long term evolution), las más modernas tecnologías disponibles, las de cuarta generación (4G), que permitirán el acceso a internet y los servicios asociados a altas velocidades en forma inalámbrica.

    El Gobierno Nacional (el Ministerio de las TIC y la Agencia Nacional del Espectro) no la tiene fácil. Debe subastar segmentos claves del espectro, un bien público, en el mejor interés de los colombianos. Está en la disyuntiva entre actuar rápido, por un lado, y realizar la subasta con cautela, por el otro. Ambos escenarios contienen riesgos. Subastar de inmediato y allanar el camino para una mayor concentración del mercado sería un grave error. Pero, por otra parte, trancar el proceso de forma indefinida también contiene el inmenso riesgo del rezago en conectividad del país.

    Hay muchos intereses en juego. Son conocidas las posiciones de distintos actores en relación con la situación de uno de los operadores móviles, Claro que representa cerca de dos terceras partes de los abonados celulares y más del 80% del tráfico de datos. La situación dominante de Claro, antes Comcel, puede transferirse al ámbito de 4G y aumentar, así, la concentración de la oferta.

    Es por esta razón que los demás operadores, algunos fabricantes de equipos, alcaldes y congresistas —en el truncado debate del pasado martes en la Comisión Tercera del Senado y con seguridad en la audiencia pública que se celebrará hoy— han planteado la necesidad de impedir la participación del operador dominante en telefonía móvil en esta subasta para generar un ambiente más competitivo.

    Prohibir la participación del aludido operador no parece ser la manera más sana de promover la competencia. Sería todo un contrasentido. Pero lo que sí debería generar el diseño de la subasta es un escenario que dé oportunidades equivalentes a todos los aspirantes y que permita, y más que eso promueva, la participación de nuevos jugadores. Porque en ningún campo la competencia puede ser más benéfica que en el de las telecomunicaciones.

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